Hay tardes de toros que terminan cuando suenan los últimos aplausos, cuando cae el último pañuelo, y hay otras que, en realidad, no terminan nunca.
Esta temporada está dejando algunos de esos momentos que hacen que la fiesta continúe más allá de la plaza.
En Tarifa, el pasado 30 de agosto, Triunfador, número 26 de Lagunajanda, regresó vivo a los corrales después de una tarde en la que David Galán consiguió que el público pidiera su perdón. El toro, además, se resistió durante casi una hora a abandonar el ruedo, en una escena tan insólita como simbólica: aquel animal que acababa de ganarse la vida no parecía tener ninguna prisa por marcharse.
Pocos días después, en Arles, el Extremeño José Garrido volvió a protagonizar otro de esos momentos extraordinarios.
El toro vuelve al campo, todavía con las heridas de la batalla, y detrás de él queda una plaza que ya ha empezado a contar su historia. El público se marcha. El torero recoge los aplausos. Los corrales recuperan el silencio.
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| Foto: Archivo |
Porque cuando se concede un indulto, la historia no acaba. Para el aficionado puede terminar en el momento en que aparece el pañuelo naranja. Para el torero, con las dos orejas simbólicas en las manos.
Para el público, con la emoción de haber asistido a algo excepcional, pero para el ganadero y para el mayoral comienza entonces otra película.
Una película que se escribe lejos de los tendidos, entre cercas, corrales, amaneceres y noches de vigilancia.
Y es ahí donde quizá se entiende de verdad lo que significa que un toro vuelva vivo.
Y quizá por eso esta historia que me contaron el otro día , me parece una de las más bonitas que he escuchado alrededor de un toro:
El otro día eché uno de esos días que merecen la pena.
Mis amigos tenían ganas de ir a una ganadería. Hacía un día de primavera precioso y las conversaciones, como pueden imaginar, fueron de toros, toros y más toros.
Entre las muchas anécdotas que salieron durante el día hubo una que me puso los pelos de punta.
Me la contó un amigo que, años atrás, había ido a una finca para hacer un reportaje sobre Campanero, el toro que había sido indultado.
Él se había emocionado cuando se la contaron.
A mí me sucedió lo mismo.
Y hoy, mientras escribo estas líneas, vuelve a sucederme.
El ajetreo después del indulto de Campanero fue tremendo. Al toro le hicieron una cura de urgencia y enseguida el camión emprendió el camino de regreso a la finca.
Acompañando al héroe iba el mayoral.
El animal llegó cuando el sol todavía no había comenzado a salir por el horizonte. Allí estaban esperándolo el veterinario y todo el personal de la ganadería.
Cuando Campanero fue introducido en el cajón de curas para sanear sus heridas, todos echaron en falta al mayoral.
¿Dónde estaba?
Había cogido su caballo y se había alejado con las primeras claras del día, camino de la zona más tupida y más inaccesible de la finca. Allí estaban las vacas de vientre.
Cuando regresó, le preguntaron dónde había estado.
Y contestó:
—Buscando a Niebla.
Y cuando la he visto le he dicho: “Vengo a decirte que he traído un hijo tuyo. Vivo”.
Los que estaban allí volvieron a preguntarle qué había ocurrido.
Y el mayoral respondió:
—Que Niebla me miró... y me entendió.
Hay frases que parecen pequeñas y, sin embargo, contienen un mundo entero.
Quizá porque el indulto no sea solamente el perdón de un toro. Quizá sea también el reconocimiento a todo lo que hubo antes.
A la vaca.
Al semental.
Al ganadero.
Al mayoral.
A la tierra.
A los años de espera.
A tantas madrugadas.
A tantos animales que nunca llegaron a tener ese privilegio.
Y por eso, cuando un toro vuelve a la finca después de haber sido indultado, puede que para muchos simplemente esté regresando un animal.
Pero para quien lo cuidó, para quien lo vio crecer y para quien conoce el esfuerzo que hay detrás de cada toro bravo, quizá esté regresando algo mucho más grande.
Está regresando la vida.

Precioso artículo.
ResponderEliminarMe encanta
Qué bonita historia . En realidad los que desconocemos este mundo sobre todo en el campo, es algo que no podemos imaginar como se siente ese mayoral o ganadero.es impresionante la historia, ojalá siguiera y supiéramos más.
ResponderEliminarGran trabajo
Sabéis si sigue vivo Campanero?
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