Javier Solis a hombros en Fregenal de la Sierra

 La plaza de Toros de Fregenal de la Sierra, se vistió de gala para acoger la última corrida de la tarde de Extremadura. La terna, más Extremeña que nunca estuvo compuesta por Miguel Ángel Perera, Javier Solís y Emilio de Justo, con astado de Murteira Grave. Reseñamos que el matador de toros Javier Solís, se vestía 13 años después por un solo día, donde consiguió abrir la puerta grande.


                                                          Foto. I Naharro


Saltó el primer toro de nombre Presumido, que le tocó en suerte a Miguel Angel Perera. Un toro frío de salida. Tras derribar al caballo de picar,  recibió la puya con el de puerta. Brinda la faena a Javier Solís. Miguel Angel, salió con ganas y poniendo exigencia, trato de encelarlo en el capote, ante las escasas opciones de un toro sin opciones, ni condiciones, Cogió el acero y tras estocada y descabello remató la faena. Recibió silencio.


Javier Solís venía a por todas y así lo demostró. Para recibirlo se fue a porta Gayola, para recibir a Revoltado y continuó con un ramillete de verónicas. Recibió un liguero puyazo, para continuar con el tercio de banderillas, buen par de Juan Luis Moreno y Antonio Vazquez, que obligó a saludar y recibir la ovación del público. El brindis de Javier no podía ser otro que a su hijo y tras la emoción, fue a por todas, donde el esfuerzo se notó ante un toro que fue a menos. Tras dos pinchazos  y estocada recibió una oreja.


Llegó el turno de Emilio de Justo, ante un toro negro burraco sin opciones que no consiguieron mermar las ganas de Extremeño y puso todo lo que tenía ante las pocas opciones del animal.  Estocada y descabello para rematar lo imposible. Emilio recibió palmas.


Y vamos a por el cuarto de la tarde. Una larga cambiada para recibir al astado. Miguel Angel, dejó un bonito quite en el ruedo.  El de la Pueblo no quería irse sin dejar latente su sello, y comenzó la faena de rodillas, aunque el toro era mejor que resto, necesitaba encaminarlo, y dejó latente algunos pases. Tras aviso y estocada, volvió a sonar el aviso, necesitando el descabello para que el toro atronara.  Oreja y vuelta al ruedo para el astado.


Javier Solís logró conectar con la gente, a base de mucho esfuerzo, para cerrar así su tarde. Javier brindó a la alcaldesa de Fregenal de la Sierra y a su amigo y compañero, Miguel Ángel Perera, así como al actual ganadero de Herederos de Bernardino Piriz.  El de Murteira sin apenas entrega y algo soso, tuvo que poner y exprimirlo todo Javier. La falta de recorrido hicieron mella, y falló con la espada para lograr en una segunda entrada una estocada algo caída. El esfuerzo de Javier se notaba y el publicó le premió le premió con una oreja, posibilitando así que saliese en hombros.



De nombre Tsunami, salió con ganas y Emilio lo cuajó de veronicas. Con ganas de ir a por todas brindó al público y comenzó la faena en el centro de ruedo. Se ajustó, y le intentó sacar todo lo que tenía, dejando latente su poderío.  Dos estocadas, seguidas del descabello, hicieron que le premiaran con una oreja.



Reseña del Festejo.

Miguel Angel Perera- Oreja
Javier Solis- 2 Orejas
Emilio de Justo- Oreja






Vive el toreo desde dentro

El grupo de aficionados prácticos de Badajoz, que dirige el banderillero Fernando González, comenzará sus clases de Toreo de Salón, este mes de Octubre, principalmente los viernes por la tarde , y además contaremos con la visita a ganaderías, disfrutando de la lidia de algunas becerras.



Para más información en la Página de Facebook en Toreo de Salón para aficionados de Badajoz.

https://www.facebook.com/groups/287438828314175/?ref=share&rdid=ETUvSodUkL5aVlSW&share_url=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fshare%2Fg%2F1HfkhX3QMj%2F#

 





Cuando el toro vuelve al campo...


Hay tardes de toros que terminan cuando suenan los últimos aplausos, cuando cae el último pañuelo, y hay otras que, en realidad, no terminan nunca.

Esta temporada está dejando algunos de esos momentos que hacen que la fiesta continúe más allá de la plaza. 

En Tarifa, el pasado 30 de agosto, Triunfador, número 26 de Lagunajanda, regresó vivo a los corrales después de una tarde en la que David Galán consiguió que el público pidiera su perdón. El toro, además, se resistió durante casi una hora a abandonar el ruedo, en una escena tan insólita como simbólica: aquel animal que acababa de ganarse la vida no parecía tener ninguna prisa por marcharse.

Pocos días después, en Arles, el Extremeño José Garrido volvió a protagonizar otro de esos momentos extraordinarios.

El toro vuelve al campo, todavía con las heridas de la batalla, y detrás de él queda una plaza que ya ha empezado a contar su historia. El público se marcha. El torero recoge los aplausos. Los corrales recuperan el silencio.

Foto: Archivo

Porque cuando se concede un indulto, la historia no acaba. Para el aficionado puede terminar en el momento en que aparece el pañuelo naranja. Para el torero, con las dos orejas simbólicas en las manos. 

Para el público, con la emoción de haber asistido a algo excepcional, pero para el ganadero y para el mayoral comienza entonces otra película.

Una película que se escribe lejos de los tendidos, entre cercas, corrales, amaneceres y noches de vigilancia.

Y es ahí donde quizá se entiende de verdad lo que significa que un toro vuelva vivo.


Y quizá por eso esta historia que me contaron el otro día , me parece una de las más bonitas que he escuchado alrededor de un toro:


El otro día eché uno de esos días que merecen la pena.

Mis amigos tenían ganas de ir a una ganadería. Hacía un día de primavera precioso y las conversaciones, como pueden imaginar, fueron de toros, toros y más toros.

Entre las muchas anécdotas que salieron durante el día hubo una que me puso los pelos de punta.

Me la contó un amigo que, años atrás, había ido a una finca para hacer un reportaje sobre Campanero, el toro que había sido indultado.

Él se había emocionado cuando se la contaron.

A mí me sucedió lo mismo.

Y hoy, mientras escribo estas líneas, vuelve a sucederme.

El ajetreo después del indulto de Campanero fue tremendo. Al toro le hicieron una cura de urgencia y enseguida el camión emprendió el camino de regreso a la finca.

Acompañando al héroe iba el mayoral.

El animal llegó cuando el sol todavía no había comenzado a salir por el horizonte. Allí estaban esperándolo el veterinario y todo el personal de la ganadería.

Cuando Campanero fue introducido en el cajón de curas para sanear sus heridas, todos echaron en falta al mayoral.

¿Dónde estaba?

Había cogido su caballo y se había alejado con las primeras claras del día, camino de la zona más tupida y más inaccesible de la finca. Allí estaban las vacas de vientre.

Cuando regresó, le preguntaron dónde había estado.

Y contestó:

—Buscando a Niebla.

Y cuando la he visto le he dicho: “Vengo a decirte que he traído un hijo tuyo. Vivo”.

Los que estaban allí volvieron a preguntarle qué había ocurrido.

Y el mayoral respondió:

—Que Niebla me miró... y me entendió.


Hay frases que parecen pequeñas y, sin embargo, contienen un mundo entero.

Quizá porque el indulto no sea solamente el perdón de un toro. Quizá sea también el reconocimiento a todo lo que hubo antes.

A la vaca.

Al semental.

Al ganadero.

Al mayoral.

A la tierra.

A los años de espera.

A tantas madrugadas.

A tantos animales que nunca llegaron a tener ese privilegio.

Y por eso, cuando un toro vuelve a la finca después de haber sido indultado, puede que para muchos simplemente esté regresando un animal.

Pero para quien lo cuidó, para quien lo vio crecer y para quien conoce el esfuerzo que hay detrás de cada toro bravo, quizá esté regresando algo mucho más grande.

Está regresando la vida.



El espacio se acaba… pero los compromisos continúan


Cuando el callejón tiene sitio para todos, menos para la prensa.

Hay una cuestión que, temporada tras temporada, se repite en muchas plazas de toros y que creemos que merece ser puesta encima de la mesa: el acceso de los medios de comunicación a los festejos taurinos.

Los medios solicitamos acreditaciones de prensa con antelación, explicamos nuestra labor y, en muchos casos, acudimos a cubrir prácticamente todos los festejos de la temporada. La respuesta que recibimos suele estar condicionada por cuestiones perfectamente comprensibles: el aforo del callejón, la seguridad y el espacio disponible.

Hasta ahí, nada que objetar. La seguridad debe ser siempre una prioridad y entendemos que el callejón de una plaza de toros no puede convertirse en un espacio sin límites, es decir, las verbenas de los pueblos.

Pero la pregunta aparece cuando llega el día del festejo.

Porque en ocasiones nos encontramos con un callejón abarrotado de personas que no están allí ejerciendo labores informativas: invitaciones, compromisos de empresa, representantes, personal relacionado con determinados ámbitos o personas que acceden por diferentes motivos.

Y mientras tanto, periodistas y fotógrafos que hemos solicitado nuestra acreditación y que acudimos a trabajar nos quedamos fuera porque, según se nos comunica, no hay espacio y por seguridad.

La cuestión no es reclamar privilegios para los medios. La cuestión es preguntarse qué criterios deben aplicarse cuando el espacio es limitado.

Si la capacidad y la seguridad son los argumentos para restringir el número de acreditaciones de prensa, parece razonable que esos mismos criterios se apliquen de manera general y transparente a todas las personas que ocupan el callejón.

Porque un periodista no acude a una plaza de toros para disfrutar del festejo como espectador. Acude a trabajar. Tiene que tomar notas, realizar entrevistas, hacer fotografías, recoger declaraciones, informar de lo ocurrido y, posteriormente, elaborar una información para sus lectores.

Cuando un medio queda fuera, no solo se perjudica al profesional. También se limita el derecho de sus lectores a recibir información sobre el festejo.

Y hay otra cuestión que tampoco debería perderse de vista: los medios locales y especializados son quienes mantienen viva la información taurina durante toda la temporada, cubriendo festejos mayores y menores, desplazándose, dedicando horas de trabajo y dando visibilidad a una actividad que necesita precisamente de los medios para llegar al público.

Por eso creemos que sería conveniente abrir un debate sobre los criterios de acceso a los callejones de las plazas de toros.

Si realmente no hay espacio para todos, debe existir un criterio claro, objetivo y conocido de antemano. Y si la prioridad es la seguridad, esa prioridad debería afectar a todos por igual.

No se trata de pedir que cualquier periodista tenga automáticamente un sitio en el callejón. Se trata de que el trabajo periodístico no quede relegado frente a las invitaciones y los compromisos cuando precisamente se está alegando falta de espacio para denegar acreditaciones profesionales.

La prensa no debería ser entendida como un invitado más. La prensa está allí para trabajar.

Y quizá sea el momento de que empresas, plazas y medios nos sentemos a hablar de ello y encontremos una fórmula que permita garantizar la seguridad, respetar la capacidad de cada recinto y, al mismo tiempo, asegurar que los profesionales que acuden a cubrir los festejos puedan desarrollar su trabajo.


Porque si hay espacio para estar, también debería haber espacio para informar.









David de Miranda y Ginés Marín a hombros en Zafra

 

📸 Isidro Naharro


2ª del Abono en Zafra.

Ganadería; Manuel Calejo Pires

Festejo; De hechuras y comportamientos diferentes.


Morante de la Puebla, Ovación y  palmas

Ginés Marín, Ovación y dos orejas

David de Miranda, Dos orejas y rabo simbólico y oreja


Se desmonteró Victor del Pozo tras parear al quinto de la tarde.


Más detalles en https://cososdeextremadura.blogspot.com/p/galerias-fotograficas.html


Aquí os dejamos el momento del indulto de David de Miranda a Postinero.